Todos sabemos que hoy en día en nuestra sociedad lo que manda e importa es nuestra apariencia antes de cómo seamos realmente como personas. Lo que mas interesa de una persona es su dinero, su fama, sus estudios,… y todas las demás cosas que solo son la fachada de una persona. Y no está mal tener una buena apariencia, lo que ocurre es que tenemos que conseguirla dignamente y sin perder nuestra esencia.
Con esa dignidad me refiero a no perjudicar a otros o hacer trampas y triquiñuelas para ganarnos la fama. Hoy se consigue la fama y el buen nombre con muy poca dignidad. Hay gente que consigue esa buena apariencia por métodos poco ortodoxos y que encima presumen de lo que han conseguido llegar a ser o hacer. Eso es lo que se llama presumir de lo que no somos.
Es mas importante asumir nuestros límites e intentar mejorar con esfuerzo que ir presumiendo de algo que nosotros mismos sabemos que realmente no tenemos. Y en este aspecto, quien manda es nuestra conciencia.
Personalmente yo prefiero hacer una cosa dignamente y que el resultado no sea perfecto a hacer una cosa por medios que nos son muy legales, que el resultado sea excelente y encima ir presumiendo de lo conseguido.
Por lo expuesto hasta aquí llego a la conclusión de que el interior de muchas personas no se corresponde con lo que representan y hacen ver al resto de la sociedad con sus resultados y acciones.
No obstante, en estos momentos de cierta confusión y enfado, tengo la confianza de que quedan todavía personas que conservan su dignidad y saben reconocerse a ellas mismas.
No obstante, también señalar, que para la supervivencia hay veces que si en necesario hacer trampa, eso sí, nunca perjudicando a nadie ni presumiendo de lo logrado.